lundi, juin 12, 2006

Las Estrellas de Eurovisión.














Vuelos de Bajo Coste. Charleroi, Belgica. Foto. Ricardo Tapia.


Estoy en el aeropuerto leyendo el Herald Tribune; un periódico que no acostumbro pero que es una de las pocas publicaciones en el kiosco que no trata sobre cuestiones deportivas, monárquicas o del corazón.

Pasando las hojas me encuentro con un sinfín de banalidades: las nuevas aficiones culinarias de Tom Cruise, el reciente embarazo de Britney Spears y una foto a media plana donde aparecen unos hombres disfrazados de momias.
Imagino como es natural, que se trata de alguna de esas películas de terror con jovencitas calenturientas ocupando los primeros planos. Comienzo por los encabezados y voy descubriendo que no hablan de una película sino del Festival de la canción de Eurovisión; un certamen anual bastante acaramelado donde participan todos los países de la Unión Europea y algunos invitados de medio oriente.

Eurovisión es un concurso televisado donde cada país envía a una estrellita fugaz; personas generalmente extraídas de alguna emisión televisiva o de algún otro programa de tele realidad que dan como resultado un espectáculo francamente patético.
Para desgracia nuestra y como suele suceder en este tipo de emisiones, Eurovisión es uno de los programas mas vistos en el mundo donde el ganador es decidido por el voto pagado de seiscientos millones de inocentes.

Voy en el avión y lo primero que leo, es que este año una banda de Heavy Metal de nombre Lordi, (Disco de platino en Finlandia), fue elegida para representar a su país.
Hasta aquí todo parece enmarcarse dentro de esa palabra completamente subjetiva que engloba a la “normalidad”, a no ser porque el grupo Lordi esta formado por una panda de subnormales disfrazados de cadáveres exhumados.
Es verdad que la visión fantasmagórica da un aire ridículo a la banda, pero Lordi no se distingue solo por seguir la línea de aquel olvidable Twisted Sister, sino por otras costumbres de corte gore entre las que destaca la de volar bloques de carne sangrante en el escenario.

Resulta que estos monstruos de la primera plana del Herald han creado una crisis identitaria en Finlandia, donde a decir de los lideres religiosos, el “aspecto Freddy Krueger” de los integrantes puede incitar a la juventud a ciertos actos satánicos.
Según la nota, la atracción de los finlandeses por Lordi radica en la esperanza de levantar el orgullo nacional, mismo que se ha visto lacerado por los ocho últimos lugares que les han reportado sus representantes y su música folk. Al parecer, las humillaciones han dejado “una huella imborrable en la psique finlandesa, país que considera estas derrotas una vergüenza nacional solo comparable con perder en jockey contra Suecia”.

La nota remata con algunos datos del festival donde afirman que no es la primera ocasión que Eurovisión trae la controversia. Una israelí transexual que ganó en 1998 fue acusada por los rabies de devaluar los valores del estado judío y ahora mismo, un grupo de helénicos griegos ha puesto también el grito en el cielo pidiendo al gobierno Finlandés su intervención.
Los críticos han llamado al presidente de aquel país a ejercer su poder de veto y cambiar a la banda de esperpentos diabólicos por alguna cantante folk, de esas que abundan en Finlandia.

Poco antes de aterrizar recuerdo que yo mismo he seguido en un par de ocasiones el Festival Eurovisión. Una vez porque mi amigo Harald y yo apostamos en un casino en línea contra los suecos y en alguna otra por el morbo que despertó en España una pequeña andaluza que cantaba una bola de sandeces escritas por su madre que la vestía y maquillaba como prostituta, y que por cierto terminó ganando el festival en su edición infantil, demostrando con ello que la estupidez no tiene edad ni mucho menos nacionalidad.

Este año el morbo será de nuevo el pretexto para seguir el Festival de Eurovisión.
Todo parece indicar que el sábado veinte de mayo Lordi y sus secuaces de ultratumba, saltaran al escenario con sus cantos infernales para competir contra las Ketchup; las hijas del gran Tomatito que representarán a la nación española este mismo año.

Ricardo Tapia.
Aviñón, Francia