lundi, juin 12, 2006

De Vuelta a Casa .


















Bolsa de Valores. Cd. de México. Foto. Ricardo Tapia.

Ejercitar la nostalgia es el deporte del fracasado; evocar el pretérito es a menudo el refugio del perdedor, el autoengaño que convierte sus recuerdos en un paraíso idílico.
Mis años en Barcelona construyeron una falsa idea de México; mi memoria, caprichosa como todas, se obstinaba buscando esos lugares comunes donde fui feliz.

Vuelvo a casa... la noche es larga y el sueño corto.
Es de madrugada, camino por el centro histórico sorteando el paraíso perdido, el espacio robado por la economía informal, la respuesta obvia de la sociedad ante la ineptitud de sus gobernantes, ante la necesidad y la pobreza acumulada.
Las edificaciones virreinales apenas y pueden mirarse entre vendedores de baratijas y mendigos. Los cientos de anuncios espectaculares que dibujan la silueta del skyline mexicano muestran la imagen de un hombre que se empeña en tropezar una y otra vez con las palabras, con las ideas y hasta con su propia mujer, la imagen de un presidente cansado, apático, canoso. Otros seis años perdidos y contando.

El presidente rebasado por su cargo exige un poco de optimismo para observar el progreso de México y en parte tiene razón, porque en verdad hay cosas como la piratería que han evolucionado notablemente, ahora los infractores venden sus discos en el metro haciéndolos sonar a través de un altavoz ensordecedor. La anarquía del transporte publico ha triunfado también, entronizado en su coto de poder, intocable, circulando en sentido contrario, intimidando a los conductores, sin ningún respeto por las personas y peor aun ni por la autoridad quien contempla sus atropellos sonriendo cándidamente.
Don Carlos Slim es ya uno de los hombres más ricos del mundo gracias a la generosidad del gobierno quien lleva años defendiendo a ultranza su monopolio; la prueba tangente de que si se puede, que si se puede lucrar con la necesidad y la estupidez, un verdadero ejemplo para esos millones de mexicanos hundidos en la miseria, cerca de la mitad del país para ser exactos.

Vuelvo a Santa Fe en busca de esta dualidad: la opulencia de la nueva ciudad y sus edificaciones high tech contrapuesta al hambre y a la miseria más vil de los barrios que la bordean. Una desigualdad social vergonzosa, un abismo que se contrae pero casi siempre se expande, que une y separa a México y a su sociedad dividida por un clasismo repugnante y por una discriminación estética y económica. Sigue pareciendo increíble que hoy en día la palabra indio sirva no como símbolo de veneración y respeto de una cultura, sino como un insulto al ignorante, al feo, al pendejo, al jodido.

Vuelvo a México en calidad de extranjero, disfrutando pero contando los días para largarme, administrando la nostalgia, reciclando la esperanza y observando como mi país se conforma tendiendo un puente terrible hacia la resignación proveniente de su apatía política, de la carencia de educación y de respeto al bien común.

Es verdad que aquí parece que las cosas operan por gracia divina y sí, aquí estoy esperando que esa gracia me toque para escribir algo sobre México, pero no sé sobre cuál, sobre el México turístico, el de mis recuerdos, el miserable, el aristócrata, el intelectual o sobre el México que espero... o sea, otro México.

Ricardo Tapia.
México, D.F.
2/10/2005