lundi, juin 12, 2006

Volver a la Rue de L'Odéon.


















La conocí en el estudio de Bettina Rheims en Paris.

Preparábamos la retrospectiva que presentaríamos en Oslo cuando la vi ahí, sentada con los ojos cubiertos en llanto, humedeciendo nerviosamente el cigarro que colgaba de sus labios.

Me resulta difícil hablar de ella.
No tengo ninguna secuencia, ningún recuerdo lineal.
Sólo fragmentos en los que aparece su habitación en la Place Vendôme; esa habitación blanca, límpidamente blanca que era como un reflejo suyo.

De aquel lugar vienen mis recuerdos, de esa duela donde me tiraba a contarle falsedades, anécdotas imposibles que me permitían descifrar la naturaleza inalcanzable de su cuerpo.
Era ahí que pasaba noches enteras mirando la tensión en su espalda... la belleza de su cintura cayendo rotunda hasta el borde de la cadera.

Tirado a su lado contemplaba la luz....
No había momento mas afortunado que aquel en que el sol entraba por el ático; con el alba su rostro era lo más cercano a la belleza, a la más inmaculada perfección.

Durante aquel tiempo no publiqué una sola fotografía.
Los editores de Harper’s estuvieron a punto de echarme pero no había nada en el mundo que tuviese valor frente a su presencia; mi universo entero se reducía a una sola mirada, a ese encanto desbordante de una sola mirada.

Poco antes de su partida nos encontramos en la Rue Saint Honoré.
El fotógrafo de Vogue; un imbecil que vivía frente al Deux Magots; la había contratado para la colección de invierno de Hermès pero los directivos rechazaron la campaña diciendo que su mirada tenia el sueño de la primavera y no el del invierno que buscaba la marca.

Al caer la tarde compramos regalos para su hermana: una camiseta de colores y un pantalón a cuadros que costaron una fortuna. Caminamos desde mi casa frente al número 21 de la Rue de l’Odéon hasta el estudio de Bettina que parecía enloquecida.
Las tres tomas que hicimos en Suecia habían sido censuradas por el ministerio de cultura que se negaba a mostrar un desnudo en primer plano como imagen de la retrospectiva.

Maria sacó de la bolsa las prendas de su hermana y sin mediar palabra se quitó el vestido, se puso el pantalón a cuadros y una pequeña camiseta a colores que mostraba su pecho.
Con una sonrisa intento cubrirse. Ató sus cabellos a un par de prendedores y soltó esa rasta extraña dejándola caer a su lado...

De la increíble sexualidad que contiene la obra de Bettina, aquello era lo más sexual que había visto jamás, sus posiciones eran de un erotismo desquiciante, frenético.
A lo largo de la cesión no miró ni un solo instante a la cámara; su mirada parecia perdida en el tiempo, en un tiempo que no era el tiempo.
Su silencio era algo etéreo, algo convulso como es el silencio...

Aquella fue sin duda la última vez...
Desde entonces me he perdido intentando olvidarla, nunca supe nada mas de ella hasta esta mañana en que he vuelto al número 21 de la Rue de l 'Odeon.

La retrospectiva de Bettina ha llegado a Paris y por unos instantes todo aquello me parece una mentira, una ficción... algo que seguramente jamás sucedió.

Ricardo Tapia
Bruselas, Bélgica.
31/05/2006.